Donde el mundo se llama Corrubedo

Os tengo que confesar algo: soy un cazador de historias. Desde pequeño tengo cierta debilidad por todos los cuentos de viejas, leyendas y relatos fantásticos de origen popular. Me gustaba estar con personas mayores para que me las contasen, a cambio yo frenaba mi hiperactividad y les hacía más fácil la tarea de cuidarme. El rural gallego rezuma “realismo mágico”, sus gentes han sido las encargadas de transmitir, de generación en generación, historias que rozando lo fantástico se convierten en algo cotidiano para terminar formando parte del imaginario colectivo.

Perspectiva Gran Duna
Panorámica del Parque Natural de Corrubedo

El otro día mientras hablaba con Javi Maneiro de sus lugares favoritos del Barbanza, me vino a la memoria un viaje que realicé a Corrubedo en el año 1999 (coincidencia con la canción de Love of Lesbian)  con un grupo de estudiantes de los Cursos de Verano de la Universidad de Santiago de Compostela. Había estado antes allí, cuando uno podía lanzarse desde lo alto de las dunas a modo de gigantesco tobogán, pero hasta ese día no era más que otro de los lugares bonitos y divertidos que había tenido la suerte de visitar.

No recuerdo su nombre, solo sé que tenía un compañero de autobús, casi tan inquieto como yo, que no paró de hablar en todo el trayecto desde Santiago a Riveira. Al llegar a la carretera que conduce al Parque Natural empezó a hablarme de los bocadillos de pulpo que comía en el Puerto de Corrubedo, de que iba a hacer surf al Vilar, de que si tenía una casa en Aguiño… Yo la verdad que estaba saturado. Así que, en cuanto bajamos del autobús, apresuré mi paso en busca de la tranquilidad; pero todos mis intentos de desmarque fueron abortados. Así, nada más llegar a los pies de la Gran Duna tanta penitencia tuvo su premio. Cuando me dijo: ” sé una leyenda sobre este lugar”, en ese momento me olvidé de todo lo anterior y le pedí que me la contase. Entonces me puso la mano sobre el hombro y con su consabida pedantería comenzó el relato: “Bajo esta duna que ves ahí, dice la leyenda, que está sepultada la aldea de Valverde. Te preguntarás por qué. Pues el motivo no es otro que por cuestiones de amor, más bien de desamor. En esta aldea vivía un rey con su preciosa hija, un día un viejo rey moro visitó el lugar y después de conocer a la princesa se enamoró de ella. Decidió pedirla en matrimonio a su padre, el  rey, pero éste desconfiado de la destreza con la que manejaba la espada el moro le denegó la mano de su hija. Como venganza El  Moro provocó un cataclismo que ahogó la ciudad. Pero antes de que esto se produjese la población tuvo la visita del Ave Tora que les anunció la inminente catástrofe”. En ese momento Corrubedo pasó de ser un lugar hermoso a ser extremadamente mágico. Años más tarde escuché otras versiones de esa historia, como la de que Santiago Apóstol estaba presente en el momento del cataclismo y dijo “non quero ver tal” lo que dio origen al lugar de Bretal en Olveira. Me contaron otras, también muy inquietantes, propias de Cuarto Milenio, como la de la mujer que aparece concinando entre las rocas cuando baja la marea.

Gran duna cerca
Gran Duna

La realidad es que, dejando mitos y leyendas,  este complejo dunar se formó en el cuaternario, hace 12.000 o 15.000 años, momento en el que aparecen los homínidos en el mundo. Actualmente es un Parque Natural (desde 1992) que abarca 996 hectáreas con diferentes hábitats donde se encuentran gran variedad de especies; su principal atractivo es la duna móvil de 1 kilómetro de largo, 250 metros de ancho y 15 metros de alto. No podemos olvidarnos de las lagunas de Carregal (agua salobre) y Vixán (agua dulce) que enriquecen el complejo dunar, formando le mejor barra-laguna litoral existente en Galicia. Sus humedales cuentan con diferentes observatorios de aves. Una de las cosas que os recomiendo de este lugar es disfrutar de la playa del Parque, formada por dos arenales: el de Ladeira y su vecino, O Vilar, que tiene más de 3 kilómetros de extensión para caminar o correr sobre la arena mojada.

Muy cerca del Parque Natural, sin perder nuestro objetivo de llegar al Faro, debemos desviar nuestros pasos unos minutos para dirigirnos al Dolmen de Axeitos. Volviendo a las leyendas de los “mouros” (prometo hablar de este fenómeno) también es conocido como: “A Pedra do Mouro”. Podemos fechar este monumento fúnebre entre el 4000 o 3600 A.C., está en la parte alta de un montículo y en su día estuvo cubierto por piedras formando un túmulo. Su estado de conservación es bueno y en sus piedras encontramos labrados algunos petroglifos. El entorno que lo rodea es agradable, un bosque con robles y bancos donde podemos aprovechar para relajarnos y reponer fuerzas.

En Galicia aún quedan pueblos con estirpe, arraigo y esencia marinera; el de Corrubedo es uno de ellos, la vinculación intrínseca con su pequeño puerto queda patente nada más entrar en tan pintoresco lugar. En el mismo puerto, hay dornas varadas y un sinfín botes amarrados esperando para salir a faenar. Una pequeña playa con niños y mujeres, grupitos de jóvenes en las rampas escuchando música, esperando a que suba la marea. En el aparcamiento del espigón los coches se disputan los huecos. Hay tres lugares para comer y tapear: el Benboa (donde puedes elegir el producto en los puestos de su mercado antes de ser excelentemente cocinado), el  Ferruxe (donde tomar unas tapas y raciones desde su terraza con vistas al mar y las dunas)  y como no, el mítico Bar Pequeño  (para tapear entre historias y con historia). Los restos fabriles dejan patente la importancia que en el s. XIX tuvo la industria de la salazón y la conserva en el pueblo. Su casco histórico a pesar de ser pequeño conserva casas recién restauradas muy bonitas, dotando de encanto y personalidad a sus estrechas calles. Desde cualquier punto del puerto hay unas fantásticas vistas sobre el mar y el parque de Corrubedo, pero las que se pueden disfrutar desde el final del espigón no tienen comparación.  Corrubedo es tierra de Grandes Marineros y Patrones, su generosa gente ha sido muy activa en tareas de auxilio marítimo, por ello les fue concedida una Medalla Colectiva de Salvamento de Naufragios. A pesar de haber perdido población por el auge de otros puertos y ciudades marineras, se ha convertido en un importante destino turístico y lugar de segunda residencia de muchas personas.

Después de haber disfrutado de las viandas en cualquiera de las tres propuestas que os acabo de comentar, después de haber ingerido algún que otro chupito de licor café, es el mejor momento para bajar la comida con una caminata hasta el Faro de Corrubedo. Saliendo del pueblo, en su parte alta, encontramos la carretera que nos conduce hasta la famosa linterna (ver videoclip de Javi Maneiro grabado en el Parque de Corrubedo y en el Camino al Faro), al final de una profunda recta encontramos la luz más famosa de Galicia. A la espera de su conversión en complejo turístico podemos disfrutar a parte de las vistas, de las construcciones allí existentes: dos viviendas de fareros, una con el antiguo transformador y el propio edificio del Faro. A pesar de haberse construído en 1853 (obra del ingeniero Uribe) no entró en funcionamiento hasta 1856, en sus inicios estaba habitado porque funcionaba con aceite y su mantenimiento requería de la constancia de un farero, tras ser electrificado, con el tiempo terminó por quedar deshabitado (como dije un día: “su vida era igual de triste que un faro sin farero”). Este lugar ha vivido cientos de historias de naufragios. Conocidos son los conflictos lúminicos que tuvo con el faro de la próxima Isla de Sálvora, que por coincidencidencia de haz de luz trajo de cabeza a muchos barcos, motivo por el que en su momento tuvieron que implantar una luz roja (Faro Comunista) y varios intentos de instalación de sirenas, hasta que en los 70 se instala una sirena de vibración electromagnética en la vivienda del farero con el afán de evitar posibles confusiones a los navegantes. Desde este Faro-Cabo se pueden contemplar (en días claros) las Islas del Parque Nacional de las Illas Atlánticas.

Después de escuchar al mar discutir con las rocas y de sentir el viento intentando desaliñarme el cabello, respiré profundo y el olor a sal anegó mis fosas nasales. En ese instante volví a recordar aquella conversación con Maneiro y por el mismo camino que él recorrió en la grabación de “Rosa de los Vientos” me dirigí hasta su lugar favorito: el mirador de A Pedra da Rá.

Pocas veces el ser humano tiene la oportunidad de contemplar desde una perspectiva áerea todo lo que acaba de ver de cerca, desde este punto eso es posible: O Vilar, las Dunas, lago Carregal, lago Vixián, el pueblo de Corrubedo y el Faro a lo lejos. Tanto si vas sol@ como bien acompañad@ es un sitio privilegiado para disfrutar de una puesta de Sol. Afortunadamente ya no queda nada de aquel ejemplo de feismo que existía antes en ese maravilloso lugar. Deciros que frente al mirador hay un camino (está indicado) que nos conduce al Castro da Cibdá, que es el punto más alto de este monte (213 m) y desde el cual tenéis unas vistas de Riveira y su entorno inimaginables.

castro da cibda.JPG
Vista desde el Castro da Cibdá con la ciudad de Riveira al fondo

En resumen una ruta para relajarse, disfrutar, pero sobre todo para inspirarse, poesía visual y sonora, traducida y reducida a estas palabras que quiero compartir con vosotros:

La estrella más grande aún arde,

tengo el cielo a un paso,

sopla el viento.

Casi está muerto el Sol,

zozobra en silencio,

hay un barco varado.

La última de las canciones

hablando de sentimientos,

escribo casi dormido.

Imaginando una mañana con estrellas.

A veces estoy perdido,

otras simplemente bebido.

La luz del faro no habla,

mi locura es selectiva,

hay mareas, también olas

que se suicidan en las rocas de la vida.

El agua está fría.

La arena desde aquí parece infinita.

Cuento el tiempo

y las estrellas que hay en el cielo,

hago equilibrios en el borde de tus labios.

Busco balcones

antes de sumergirme en el fondo

del mar que me ha arrastrado

hasta esta playa escondida.

Autor: meidingaliciacom

Cosas hechas en Galicia

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