La lengua de los bocachanclas.

Mientras la interprete de música celta Julie Fowlis nos deleita con una estupenda versión de la “Cantiga de Camariñas” de Petapouco, canción que podemos encontrar en su último álbum, e incluso nos regala una maravillosa interpretación de la misma junto a la Orquesta Sinfónica de la BBC; algunos de los políticos de esta España de “chirigota y pandereta” se empeñan en querer matar el “Galego”.

A mí se me caería la cara de vergüenza después de decir tamañas mentiras subido al púlpito de una Cámara de Representación Parlamentaria, pero lo peor no es eso, lo peor es no tener la dignidad de rectificar cuando uno mete la pata sobre algo tan serio y controvertido como son las cuestiones del idioma, en vez de hacer acto de contrición decide seguir navegando en la ignorancia, mientras la prensa gallega da cabida en sus páginas al esperpento y escarnio de la justificación absurda. Se me caería la cara de vergüenza si fuera tan necio y tan inculto de no saber apreciar otras lenguas y culturas, algo que si ha hecho una cantante Escocesa con el Galego; pero no ha sido la primera ni la única, a lo largo de la historia han sido muchos cantantes de talla mundial los que se han atrevido a cantar en nuestra “lingua nai”, incluidos los que pasan por el “Luar” de Gayoso para cantar el mítico “Apagha o candil”. Se me caería la cara de vergüenza si fuera yo el que pusiese los medios para intentar cargarme una lengua que tiene tanta historia o más que la que intento imponer. Se me caería la cara de vergüenza si fuera tan torpe de no reconocer la importancia cultural del Galego y de Galicia; desde la producción literaria hasta la musical, pasando por la plástica. Porque les diré señores naranjas que la cultura galega, a pesar de haber sido atacada y prohibida en diferentes períodos negros, nunca dejó de ser prolija en número y creatividad, ha conseguido sobrevir  y su legado se mantiene tanto aquí como fuera de nuestras fronteras gracias a la emigración forzosa a la que nos vimos empujados por los políticos y militares españoles.

Pero no voy a odiar a los que no entienden que diferentes culturas e idiomas pueden coexistir de manera cooficial dentro de un mismo territorio, tampoco voy a odiar a los que se empeñan en traducir al Español los nombres de lugares, pueblos, villas y ciudades de Galicia. No lo voy a hacer porque sé que son amantes de la Ley y el Orden, o eso es lo que esgrimen cuando intentan aplacar, con mucha razón, los conatos nacionalistas amparándose en la Constitución, los Estatutos de Autonomía y el Derecho Penal. Pues sepan ustedes señores de “Viva el Rey, el Orden y la Ley” que la toponimía Galega está recogida en una LEY DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA

En Galicia, la Ley 3/1983, de 15 de junio, artículo 10.1:

Los topónimos de Galicia tendrán como única forma oficial la gallega.

Incluso a los campeones que dicen que como Sanxenxo en el s. XVIII y XIX se escribía Sanjenjo y Sangenjo ahora se tiene que decir Sangenjo, sin importarles el s XVI o XVII donde la grafía era la misma pero la pronunciación diferente y asumir que es en este momento donde el Galego se desmarca del Español y Portugués en cuanto a la s/x/j.

Contra los que sí tengo algo es contra aquellos que utilizan despectivamente el término “gallego”, los que hablan de nosotros con desprecio; tratándonos de paletos, incultos y subdesarrollados (esto no solo lo hacen los de Madrid, ¡¡ojo!!). A esos que en las reuniones de las diferentes empresas Españolas en las que he trabajado se metían con mi acento, diciendo que sonaba bruto y que hablaba cantando. Mientras en España se nos margina en el resto del mundo se nos valora, es más, sabed Españoles de España, que en Latinoamérica, en lugares como Argentina y Uruguay, se os llama “Gallegos” a todos vosotros. El mundo esta lleno de Galegos, de descendientes, de los que llevaron el acento, la musicalidad y la creatividad por todo el mundo; componiendo tangos para Gardel, ganando mundiales con Uruguay, inventando vacunas, dirigiendo investigaciones científicas… Hemos aprendido a sobrevivir sin medios, solo con las ganas, el talento y el tesón impreso en nuestro ADN de “mariñeiros aventureiros”.

Pero claro, en Galicia, los diferentes Gobiernos nacionalistas de la Xunta han obligado a hablar el Galego en las aulas, en todos los  ámbitos de la vida, así a la fuerza, aunque la población se negaba a ello no tuvo otra salida que someterse a la imposición cultural galeguizadora. Ciudades como Vigo y A Coruña se han convertido en bastiones del Galego, donde la gente tiene prohibido el hablar en Español, de hablar en esta lengua podrían ser denunciados a las autoridades encargadas de velar por la protección de nuestra lengua bárbara. En las librerías está expresamente prohibido que en los escaparates estén expuestos libros que no hayan sido escritos en lengua autóctona. Todo esto hace que el paisaje para el Español sea desolador en este territorio hostil.

Perdonadme por el arriesgado ejercicio de entrar en la cabeza de alguno de estos talibanes culturales. La situación del Galego en Galicia es tan buena que usamos dos términos para definir lo que vivimos en esta Tierra Santa: el auto-odio (odio a lo que tenga que ver con nuestra lengua y todo lo galego) y la diglosia (cuando coexisten dos lenguas en un mismo territorio pero una de ellas goza de más prestigio y uso social). Tal vez sea el “Telón del Grelo” el que no os deja ver la realidad, tal vez sea que para vosotros el noroeste peninsular no resulta tan atractivo electoralmente como el Este, tal vez sea que no salís de vuestro despacho a visitar la “periferia” para ver como va el mundo… tal vez es que no dais para más, en ese caso, estáis perdonados; este pueblo no se alimenta del odio como vosotr@s.

Afortunadamente la supervivencia de una lengua depende de su uso, de su penetración en la sociedad, del número de personas y la frecuencia con la que la utilizan para expresarse. Aunque muchos son catastrofistas y apuntan que el Galego cada vez se usa menos, sobre todo en las grandes ciudades, yo he decidido adoptar otra postura, modo retranca.

El Galego es ultilizado en Galicia por el 100% de población, sí es cierto, lo utilizan hasta esos que hablan en Español con un acento antinatural para evitar caer en el paletismo de hablar el idioma de sus antepasados. Me explico. Hace poco releía “A Esmorga” de Blanco Amor y recordé la maravillosa interpretación que la compañía Sarabela hizo de esta obra en el justo instante en el que llegué a un diálogo donde en tono jocoso los tres borrachos parodiaban a los señoritos de la época: “¿Y cómo está vosté?” “Yo moi bien, moi bien. Aunque un poco amolada por la temperatura”.

Mientras en A Coruña sigan utilizando el “Neno” y “rapariga”, mientras sigamos dicendo que alguien es “riquiña/o” “xeitosa/o” ó “feito” para designar al ó la que es “curriño/a”, mientras sigamos diciendo “Déjame en paz no me amoles más”, mientras digamos “ese tío es un arroutado” para decir que alguien tiende a perder el control, mientras digamos “Pepe deja ya de rosmar” en vez de murmurar, mientras usemos la palabra “enxebre” para designar las cosas típicas de Galicia, mientras le sigamos llamando “fozar” a revolver “Juan deja de fozar en las herramientas de tu padre”, mientras empleemos la palabra “coitado” para definir a alguien que nos da pena, mientras en vez de tonto digamos “pailán” ó “parvo”, mientras sigamos sientiendo “morriña” y “saudade” sin encontrar traducción alguna, mientras denominemos como “chafallada” a una chapuza, mientras tus amigos sigan dicendo que eres un “prea” en vez de decirte que no eres de fiar, mientras en vez de ir de fiesta vamos de “esmorga”, mientras cuando jodamos algo digamos que lo hemos “escarallado” y mientras sigamos “choscos” al no asumir que los del Celta tienen “Afouteza”…  no entenderemos que el Galego está presente en nuestras expresiones diarias, estas son solo un ejemplo pero os aseguro que hay muchas más, seguro que estás pensando ahora mismo en unas cuantas que me he dejdo atrás.

Una vez visto esto… Toni Cantó tiene razón, en Galicia el Galego se impone al Español, pero cuando se impone no es a la fuerza, es porque a la gente le sale natural, le brota de dentro y eso no lo puede matar nadie porque lo llevamos en nuestra cultura, en la sangre.

Autor: meidingaliciacom

Cosas hechas en Galicia

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