Aquí somos de Samaín, magostos e Santa Compaña.

No sé si os lo dije alguna vez pero estoy en contra de la invasión cultural “yanqui”, todo esto de la “mcdonalización” de la sociedad, del fast food y del “american style” me provoca cierta preocupación. Principalmente porque estamos adoptando influencias de una civilización joven, casi sin tradición cultural (historia, literatura, gastronomía, lengua…) y nos estamos cargando de un plumazo nuestro legado cultural, la herencia conservada generación tras generación, en muchos casos mantenida con lucha y sangre.

Estar en el parque con tu hijo y ver como la madre de al lado llama a gritos a su vástago: “Kevin José”, “Dilan Manuel” o “Jonathan Jesús” me enciende de manera sobre humana; afortunadamente cada vez se escuchan más nombres como “Xian”, “Brais”, “Xulia”, “Uxía” e “Iago” (en gran medida gracias a Iago Aspas) y eso termina reconfortándome. ¡Qué bien suenan los nombre en Galego! ¿Verdad?

Los americanos cogieron el rugby, le hicieron un restyling y lo tranformaron en un espectáculo mundial, el fútbol americano no es más que una perversión de su fórmula original; porque eso se les da bien, hacer ajustes para mercantilizar y desvirtuar el espíritu de las cosas. Pero es lo que tiene no tener historia, ni siquieran un idioma. No sé si la hamburguesa la crearon ellos al poner el tozo de carne picada entre dos panes, tal vez la raíz “Hamb” pueda delatar que tiene su origen en Hamburgo (ciudad donde residían muchos rusos que tenían tradición de elaborar sus filetes de carne picada) y llegase a América por la conexión entre esta ciudad y los puertos estadounidenses, siendo su origen el “Hambourg steak”. Aunque hay indicios de que ya los romanos hacían este tipo de filetes de carne picada, tradición que se mantuvo durante la edad media en la Europa norte y Central. Lo que empezó como una forma barata y rápida para alimentar a una gran cantidad de trabajadores ha terminado por fastidiar la alimentación de nuestros hijos con aditivos y grasas saturadas, esto es muy típico de ellos, hacen todo a lo grande.

Es una pena que lo Galegos del futuro cada vez tengan menos ganas y oportunidades de continuar con esa tradición de Galeguizar el mundo, entre los medios de comunicación y las políticas aplicadas  nuestra tradición cultural tiende a desaparecer, es por ello que los individuos con conciencia debemos actuar para defender nuestra riqueza cultural y hacerla perdurar en el tiempo.

Gracias a las políticas económicas discriminatorias del s. XVIII, a las crisis y al franquismo los Galegos hemos tenido que emigrar por medio mundo para poder sobrevevir; primero América Latina y Central, más tarde Europa y después las Islas Canarias, Mallorca, Madrid y Catalunya. Allá donde hemos ido hemos galeguizado a través de la gastronomía, la cultura (música, pintura, escultura, arquitectura y literatura) y las fiestas. Hemos implantado el amor a la queimada, al licor café, al pulpo a feira… pero de un modo no impositivo, nuestra slow food se mezcló con las culturas sin intentar exterminar lo autóctono, enriqueciendo y complementando; poque los Galegos somos así, nos camuflamos con el paisaje pero nuestro acento nos delata.

DESFILE CABAZAS SAMAÍN CATOIRA /
Procesión de Caveiras en Catoira Samaín Halloween calabazas Foto: Diario de Arousa

Ahora que todos los medios de comunicación hablan de los preparativos de JALOGÜIN, que los escaparates de los comercios están infestados por la tontería americana, es inevitable que recuerde aquellas noches de la víspera del día de difuntos. Cuando la tarde del 31 de Octubre nos juntábamos los niños del barrio para ir a “apañar” castañas al “souto” de Camilo, después íbamos a las fincas de la familia de cada uno de nosotros y elegíamos las mejores calabazas y seleccionábamos entre todas la más grande de todos los huertos. Armados de cuchillos y cucharas les quítabamos la parte superior a modo de tapa; dibujábamos la boca con sus colmillos afillados, la nariz y los ojos en forma de triángulo, después las vacíabamos y le dábamos su contenido a los mayores para que hicieran las pertinentes chulas de “cabaza”. Tras haber limpiado su interior quedando sólo las paredes con sus pertinentes aperturas faciales, úsabamos un palillo para fijar a la base de la calabaza una vela que iluminaría la fantasmagórica creación. Asábamos castañas en un artilugio creado a partir de dos mitades de bidones de hierro, uno para las brasas hechas con “carozo” de maíz y piñas, el otro perforado para dorar lo que antes de que la patata llegase a Europa era guarnición en nuestra tierra. A las siete de la tarde, con la noche ya encima, hacíamos cucuruchos con las hojas del Faro de Vigo para rellenar con las castañas que más tarde devoraríamos. Mientras los mayores comían castañas cocidas con “fiuncho” y bebían vino tinto a la lumbre de la “cociña de ferro”. Pedíamos un mechero para encender las velas de nuestras calabazas-calaveras y después de ponerles la tapa las sacábamos a la “eira” para jugar a asustarnos en “A noite dos mortos”. Mi abuelo nos hablaba de la Santa Compaña y nosotros planeábamos una estrategia para ir al cementerio durante la noche a ver pasear las almas de los muertos; hasta el día en que ejecutamos y nos cagamos de miedo.

Pero a parte de las típicas chulas de calabaza y las castañs, en Galicia, tenemos una importante tradición de dulces típicos del “día de todos los santos ” y de “difuntos”: los buñuelos, las rosquillas y los huesos de santo. Nuestra gastonomía siempre tiene una temática de temporada.

Yo nunca celebré Jalogüin, en mi casa festejábamos el Samaín. Una festividad de origen Celta que se celebra en Galicia desde la Edad del Hierro, que es común a otros lugares de ese mundo unido por lo que el maestro Carlos Núñez denomina como “Hermandad de los Celtas”, su nuevo libro, os lo recomiendo para saber lo que nos une al resto de los pueblos con este origen ancestral.

El Samhaim era la fiesta más importante en la cultura Celta, en ella se celebraba la noche del 31 para el 1 de Noviembre el “nuevo año celta”, la palabra viene del gaélico y su tradición vendría a ser “fin del verano”. En este mundo druídico y dependiente de la agricultura esta fecha marcaba el final de la temporada de cosecha. Con la romanización se mezcló esta celebración con la propia romana y tras la cristianización se apagó de alguna manera al ser considerada una fiesta pagana.

Algo que también ha marcado mi infancia y adolescencia era la obligatoriedad el día 1 de ir de cementerio en cementerio a visitar a todos nuestros difuntos, ponerles flores y rezar por su descanso. En mi zona esta tradición ha pervivido acompañada de los magostos, se ha seguido transmitiendo de generación en generación para el disfrute de los pequeños, la nostalgia de los mayores y el sufrimiento de los estómagos.

Por tanto, defendamos nuestra fiesta con Denominación de Origen, con más de 3.000 años, Samaín, para que Jalogüin no termine de invadirnos como un hongo oportunista que ha copiado nuestra tradición, mercantilizándola y adueñándose de la festividad propia del Mundo Celta, tal vez importada por los emigrantes escoceses e irlandeses. Porque está claro que si en algún lado tiene que celebrarse una fiesta con “meigas”, muertos, calabzas y leyendas es aquí, en el único lugar del mundo donde no se cree pero se sabe que “habelas hailas”.

Autor: meidingaliciacom

Cosas hechas en Galicia

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